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¿Por qué apuntarse a una carrera de obstáculos?

¿Por qué apuntarse a una carrera de obstáculos?

¿Por qué apuntarse a una carrera de obstáculos?

Desde hace ya 5 años, las carreras se han convertido en una nueva modalidad deportiva. Han dejado de ser una moda para convertirse en una competición a nivel internacional con su propio circuito y ranking mundial (OCR). 

Al principio se componían de cuatro tablones mal puestos, un poco de barro y 4 locos a los que les gustase el deporte extremo pero hoy por hoy la cosa ha cambiado, y mucho. Cada carrera supera los 1000 participantes, lo que conlleva un gran despliegue de ambulancias, policias y voluntarios. El número de patrocinadores ha aumentado considerablemente y ya no se anuncia las pequeñas empresas del municipio sino que son las grandes marcas las que patrocinan el evento (Renault, Mercedes, Red Bull…)

Y la pregunta que nos hacen amigos y familiares es:

¿Y pagas para sufrir?

¿Por qué apuntarse a una carrera de obstáculos?

Es un reto para el que debes prepárate a conciencia. Muchas veces es la motivación que uno necesita para conseguir crear una rutina de ejercicios que le cambie su cuerpo, que le cambie su vida. Muchas veces la gente abandona el gimnasio por falta de motivación, porque no ve progreso (aunque lo haya) pero si entrena para superar un obstáculo la cosa cambia. Los ejercicios serán el medio para conseguir un objetivo.

Es una oportunidad para volver a la infancia: ¿Cuánto tiempo hace que no saltas en un charco, que no te embarras, o te arrastras por el suelo, son acciones que están en nuestra memoria; pero que están olvidadas. Una carrera de obstáculos es la excusa perfecta para volver a ser niño; y eso no tiene precio.

Otro aspecto motivador es que, si decimos que nos hemos apuntado a una carrera de obstáculos, todo aquel que nos rodea (familia, amigos, compañeros de trabajo, de gimnasio…) va a estar a las expectativas de la carrera; y si pueden, se acercaran a vernos “sufrir”. Esto nos obliga, en cierto modo, a no decepcionar a nadie; y al pasar la meta, sentirnos orgullos de nosotros mismos e irnos a casa (a parte de con una medalla y una camiseta), con un subidón de autoestima.